
La Cátedra del Tajo UCLM-SOLISS propone unas nuevas reglas del trasvase que respetan la amplia capacidad de regulación de los embalses
04/12/2025- Embalses a medio llenar, trasvase a pleno gas: la lógica del Tajo-Segura
- Las reglas que gobiernan el Trasvase Tajo-Segura permiten el régimen de máximos trasvases cuando los embalses de Entrepeñas y Buendía apenas superan la mitad de su capacidad. La historia reciente demuestra que ese umbral puede ser una trampa.
Una buena noticia con matices
Por segundo año consecutivo, las lluvias en la cabecera del Tajo han llenado lo suficiente los embalses de Entrepeñas y Buendía —en Guadalajara y Cuenca— como para activar el nivel 1 de las Reglas de Explotación del Trasvase Tajo-Segura[i]. En la jerga del sistema, eso significa que se puede trasvasar al máximo permitido hacia las provincias de Murcia, Alicante y Almería.
Parece buena noticia. Y en cierta medida lo es. Pero conviene no precipitarse.
El umbral que activa ese nivel máximo de trasvase se alcanza cuando el volumen almacenado supera los 1300 hectómetros cúbicos o cuando las aportaciones acumuladas en el último año superan cierto valor. El problema está en que esos 1300 hm³ representan apenas algo más del 50 % de la capacidad total de ambos embalses. Dicho de otro modo: el grifo se puede abrir al máximo cuando los depósitos están a la mitad.
Ya ocurrió antes: la lección del periodo 1995-2009
Lo que está ocurriendo ahora no es nuevo. Entre 1995 y 2009, tras un largo periodo seco desde los años 80, llegaron varios años con lluvias por encima de la media. Las autoridades interpretaron esa recuperación como el fin de la sequía y el retorno a la normalidad. El trasvase se mantuvo a pleno rendimiento durante años consecutivos, con volúmenes superiores a los 500 hm³ anuales en los mejores ejercicios.
Pero los embalses nunca llegaron a recuperarse de verdad. Las reservas no se consolidaron. El sistema operó al límite, aprovechando de la bonanza para trasvasar más sin dejar margen para lo que vendría después.
Lo que vino después fue otra sequía. El sistema llegó a ella sin reservas. Las restricciones de abastecimiento en el Sureste peninsular se evitaron, pero no gracias a una buena gestión hídrica: fue porque justo entonces entraron en funcionamiento las desaladoras de la Mancomunidad de Canales del Taibilla. Una acción providencial que llegó in extremis.
«No fue un problema de falta de información. Fue una interpretación excesivamente optimista de una recuperación puntual.»
El «ciclo hidro-ilógico»: olvidar la sequía en cuanto llueve
El meteorólogo estadounidense Ivan Ray Tannehill describió en 1947 lo que llamó el «ciclo hidro-ilógico»: cuando llega la sequía, cunde la alarma; cuando vuelven las lluvias, el alivio borra rápidamente el recuerdo del problema y se vuelve a gestionar como si la abundancia fuera la norma. La prudencia se relaja justo cuando más debería consolidarse.
España tiene instrumentos legales para combatir exactamente eso: los Planes Especiales de Sequía obligan a las cuencas hidrográficas a planificar con anticipación, a no esperar al desastre para actuar. Sin embargo, esa misma lógica preventiva no se aplica con coherencia al régimen del Trasvase.
El problema de fondo: unas reglas que no se han actualizado
En 2023, el Plan Hidrológico del Tajo elevó las exigencias ambientales del sistema —más caudal ecológico, más restricciones— y establecía que las Reglas de Explotación del Trasvase debían adaptarse a esa nueva realidad. A día de hoy, esa adaptación no ha ocurrido. Se sigue operando con unos umbrales diseñados para un contexto hidrológico y ambiental que ya no existe.
El resultado es una incoherencia difícil de justificar: la planificación vigente reconoce que el régimen de aportaciones ha cambiado y que las exigencias ambientales son mayores, pero las reglas que determinan cuánto se trasvasa siguen ancladas en hipótesis y errores del pasado.
La tentación de la inacción
Los años húmedos tienen una propiedad política muy conveniente: hacen innecesario actuar. Si los embalses están razonablemente llenos y el trasvase fluye sin incidentes, reformar las Reglas de Explotación parece urgente solo para quien piense en términos de décadas, no de legislaturas.
El problema es que los ciclos hidrológicos y los ciclos electorales no comparten calendario. Adaptar hoy los umbrales del Trasvase a las exigencias del Plan Hidrológico del Tajo de 2023 es una decisión cuyos beneficios se notarán en la próxima sequía severa —que puede llegar en tres años o en quince— y cuyos costes políticos son inmediatos: habrá menos agua trasvasada en los años buenos, y alguien tendrá que explicarlo en el Sureste.
Esa asimetría entre el momento de pagar el coste y el momento de recoger el beneficio no es una excusa, pero sí una explicación de por qué las reformas estructurales en materia de agua tienden a producirse tras las crisis, no antes. O a evitarse, como se está haciendo con el Trasvase.
Sin embargo, la bonanza actual es, precisamente por eso, el momento idóneo para actuar.
Coyuntura no es tendencia
La situación actual no es motivo de alarma, pero tampoco de complacencia. El nivel 1 del Trasvase es una categoría administrativa: describe un momento, no una tendencia. Puede reflejar que este año ha llovido bien en Guadalajara y Cuenca. No dice nada sobre lo que ocurrirá en los próximos tres o cuatro años.
La pregunta relevante no es si hoy se puede trasvasar más. La pregunta es si el diseño actual del sistema favorece la estabilidad a largo plazo o si, por el contrario, incentiva agotar rápidamente cada episodio favorable sin permitir que las reservas se reconstruyan de verdad.
La historia del Tajo-Segura sugiere que ya conocemos la respuesta. Y que deberíamos haber aprendido la lección.

[i] Nota técnica: El Trasvase Tajo-Segura, inaugurado en 1980, conduce agua desde los embalses de Entrepeñas y Buendía (cabecera del Tajo) hasta las cuencas del Segura y el Júcar. Las Reglas de Explotación, vigentes desde 1997, establecen cuatro niveles según el volumen embalsado y las aportaciones, determinando el caudal máximo trasvasable en cada situación. El nivel 1 es el de mayor trasvase; el nivel 4, el de prohibición total.




